PASIONES, LUJURIAS Y RAREZAS
 
La mente es un universo.

Existen tantos universos como mentes en este mundo.

No intentemos explorar otros universos hasta no conocer un poco el nuestro.

Os invito a un viaje excitante por mi universo. Es gratuito, dejaros llevar, disfrutad de mí y para mí. Y por supuesto conmigo.


“Cada objetivo conseguido y cada orgasmo disfrutado son un paso más hacia la felicidad absoluta”. T. Towers.




Para cualquier sugerencia o visita personal por mi universo no dudéis en comentarlo en Y a partir de ahora que
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Diario de follamigos VII (Despertares)
Publicado en:15 Deciembre 2017 10:48 am
Última actualización en:15 Deciembre 2017 2:31 pm
10 vistas

Esa noche no abandonó la cama. Y esa noche no pasó nada. Más bien estuvimos hasta las tantas, ambos desnudos, hablando de los pormenores de la vida. Era tan revitalizante escuchar otro punto de vista, tan diferente al mío, que hasta me supo mal que, tras dos preguntas más, no obtuviera respuesta. Se había quedado dormida, en mi regazo. La sábana cubrió su cuerpo a la par que intentaba disimular una incipiente flacidez que a las tantas de la madrugada había regresado. En ese momento fue Morfeo quien se apoderó de mí.

Ese momento de vigilia. De no saber si estás dormido o despierto. Ese sueño húmedo donde sientes que tu entrepierna se humedece y algo blando la está recorriendo con suma languidez. Giré la cabeza pero ella no estaba ya a mi lado. Un aliento cálido en mi vientre me hizo bajar la mirada hacia una sábana abultada, que, al retirarla, dejaba a descubierto a Ana totalmente entregada. La flacidez de rato antes ya se había convertido en una erección más allá que la rutinaria matutina. Por momentos le rogaba que no fuera tan deprisa, que la saboreara, que no éramos actores porno. Ella no dejaba que la tocara, simplemente era ella la que me tocaba a mí. Por momentos su mano arengaba el tronco del falo mientras sus labios rodeaban el glande. En otros, su boca absorbía hasta mitad de dicho tronco. Miraba, sonreía, seguía. Y juro que le avisé, aunque el líquido preseminal ya fuera suficiente aviso. Aunque las venas de mi falo se hincharan y mi cuerpo se tensara. Iba a eyacular, sin remedio ya… se lo dije, pero ella no cedió.



Boca mojada con sabor a semen. Ese sabor que recorrió mi garganta en un beso profundo al son de unos buenos días. Hubiera detenido el tiempo, pero no hizo falta. La suavidad de su piel rozaba con la mía. Sus senos iban recorriendo mi torso al son de besos furtivos, en frente, labios, cuello. De tanto en tanto me ofrecía unos pezones tersos, sensibles a mis lengüetazos, a mis labios. Notaba como refregaba su sexo por mi vientre, como, casi sin darme cuenta, cogió con la mano mi sexo semi flácido y lo introducía en una cueva ardientemente húmeda. Mi verga se alzó buscando recovecos en su interior al son del baile de sus caderas.



Era su consolador de carne. Jugaba con ella como solía jugar con aquel vibrador que me mostró aquel día. Por momentos se la sacaba de dentro y rozaba por el capuchón del clítoris, para nuevamente volver a introducirla dentro y moverse espasmódicamente adelante y atrás dejando al descubierto sus labios mayores abiertos. Me corría. Agarraba las sábanas para evitarlo. Ella se excitaba aún más viendo el esfuerzo que hacía para darle placer. Y aún no sé cómo pude darle media vuelta y, a cuatro patas, tras no más de tres embestidas, lo que quedaba de antes surgió raudo hacia ella. Dos embestidas más, y su sexo prieto murió de placer con gritos ahogados en la almohada.



Nos fuimos a desayunar, como la otra vez. Ella tenía que regresar a su casa y un simple beso y un fugaz nos vemos hizo que regresara a casa con cierta languidez. Cierto es que, duchándome, pensé donde me llevaría esta clase de relación. A fecha de hoy sigo pensando que mejor no pensar.

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Diario de follamigos VI (Expiar los pecados)
Publicado en:10 Deciembre 2017 2:35 am
Última actualización en:15 Deciembre 2017 10:53 am
57 vistas

Ni recuerdo cuanto tiempo pasó en volvernos a ver desnudos. Alguna que otra vez quedábamos para tomar un café o lo que se terciara pero poco más. Hablábamos de nuestras cosas, problemas y soluciones y después cada uno a su casa. Ella aún vive con su padre aunque por motivos personales siempre va arriba y abajo a la capital de la comunidad.

Por mi parte, la vida se había vuelto rutinaria. A excepción de alguna que otra escapada, ésta se basaba en trabajo casa y viceversa. Alguna vez me desahogaba visitando ciertos blogs e intentaba evadirme de la rutina tan bien como podía. Nos cruzábamos algunos mensajes y ya está.

Reconozco que llegué a pensar que la situación actual se había acabado. El llamado efecto gaseosa y, que, la negativa de aquel día me había restado puntos. Por eso, en una de nuestras conversaciones telefónicas le dije que pasara a visitarme si algún día estuviera de nuevo por Castellón. Reconozco que me sorprendió cuando me dijo que ese mismo fin de semana bajaba de visita. Más sorprendido aún que también viniera a verme a casa.

Quizás notó como me brillaron los ojos cuando la vi pasar por la puerta. O bien también sintió la erección cuando los dos besos que nos dimos se transformó en uno suave y profundo mientras entreabriendo la boca su lengua buscaba la mía. Que sus ojos brillaran cuando me disculpé por no haber podido quedar la última vez mientras se sentaba en el sofá e insinuaba que me perdonaría con una condición.

Casi había olvidado la textura de esos pezones erectos. La saliva conseguía que relucieran y, sus senos, apretados por el sujetador mal quitado se apretaban más aún hacia el cielo. Por poco se me olvida también ese cuello estirado que ayudaba a regurgitar sus gemidos, y, esa convulsión cuando mis labios lo succionaban. Pero su mano, en mi pelo, me guio hacia lo que realmente deseaba.



Y allí estaba yo, de rodillas, expiando mi pecado. Mi no de antaño. Con la cabeza dentro de su falda, mi rostro en su pubis y mi lengua en su vulva. Allí adentro todo se multiplicaba, su olor, su sabor. Hasta sus gemidos parecían más estruendosos. Sentía como se encharcaba en mi boca, como, aun en la oscuridad de la falda, su clítoris resplandeciera. El par de espasmos de sus caderas me libraron del pecado.


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Diario de follamigos V (Decir no)
Publicado en:8 Deciembre 2017 3:52 am
Última actualización en:15 Deciembre 2017 10:54 am
81 vistas
A los hombres siempre nos ha perseguido la fama de que, a la primera llamada para tener sexo, dejamos lo que estemos haciendo y, rápidos, vamos a intentar satisfacer susodicha llamada.

Y decirle no a Ana fue realmente duro, lo reconozco. Recibir su mensaje a mediodía para quedar por la tarde me partió el alma. Y más, cuando, desde que me levanté ya tuve el pálpito de que ese día todo se torcería. Trabajo, familia y, por supuesto, decir para mis adentros, solamente faltaría que me llamara ella…

Y así fue. Tres mensajes. A cada cual más atrayente, más cautivador. Sensual como ella sola, supo, sin que le dijera nada, que había conseguido una fuerte erección laboral.

Pero no podía ser, ese día no. Ni haciendo cálculos de cómo, donde ni cuándo. Lo siento mucho Ana, pero no. Joder, que fácil era cuando uno estudiaba.

No hubo contestación en varios días. También decir que yo no insistí mucho hasta que tuve ese momento en el cual, llevado por la excitación y las ganas la reclamé.

No hubo contestación por su parte hasta el día siguiente en el cual simplemente dijo que ya estaba servida…



No pude más que felicitarla.


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Diario de follamigos IV (Apariencias)
Publicado en:7 Deciembre 2017 4:11 am
Última actualización en:15 Deciembre 2017 10:54 am
97 vistas

“Que puta eres Ana”. Es lo primero que te respondo al recibir esa imagen por mensaje



“Y tu mi perro, siempre queriendo lamer mi coño”. Es su contestación.

Y tiene razón. Esa imagen y esas dos frases consiguen empalmarme. En breves momentos estaremos juntos y, como siempre, las palabras darán paso a los hechos.

Combinas a la perfección menstruación con excitación. Casi podría decir que hasta sincronizo contigo para ese día. Nos dejamos de tonterías y al tema. Tus pezones lo señalan, tu perro ya come.



El olor es inconfundible. Distinto a las otras veces. El sabor, a miel fluida surgiendo del panal. Come, come, come… jaleas, hasta llegar a sentir como contraes tu pubis para intentar no correrte. Tus nalgas se endurecen, y, al girar el cuello, observas que no es lo único.

Nuestros rostros desencajados y polla en mano, sabemos lo que viene. Tronco que penetra en el ardor que lo quemará sin impedimento ninguno.



La primera vez te taladra hasta el fondo. Las siguientes, el tronco a medias, y solamente mi semen se vaciará al final en tu interior mientras, entre gemidos, exclamas como disfruto del coño de tu puta.

Ana, “me voy a correr”, y ni esas cuatro palabras puedo acabar de decir, completamente dentro de ti. Y entre convulsiones no paro, me desvanezco, pero tus piernas me aprietan, intentan cruzarse, conmigo dentro, tus palabras me taladran “joder, cabrón, no pares”, con el rostro desencajado.



“Que tal cariño, como ha ido el día?”.

“Muy bien y a ti, corazón?”

Volvemos a ser nosotros, Ana y yo. Dos mojigatos en la terraza de una cafetería, rodeados de gente, con nuestros jeans y camisas zafias. Dos personas normales, entre gente igual de normal con conversaciones banales.


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Diario de follamigos III (Los amigos son los amigos)
Publicado en:5 Deciembre 2017 10:25 am
Última actualización en:6 Deciembre 2017 4:18 am
89 vistas
Ese ha sido mi acierto. No le pido lealtad, ni fidelidad. Ella tiene su vida, que, por momentos, converge con la mía. Y aprendes. Aprendes a decir no puedo. Aunque cueste. Y, si ella dice lo mismo, pues no pasa nada. Otro día será.

Al final de eso se trata. Vivir el día a día. Aunque reconforta que te pida consejo por cosas que ya viviste. O bien porque desde fuera todo se ve mejor. Por su parte reconforta observar su vitalidad extrema, distinta a la mía. Por poner un ejemplo, lo que yo no aguantaría de noche, ella no lo haría de día.

Y de ahí esta situación en donde a las nueve de la mañana de un domingo cualquiera leí su mensaje enviado sobre las cinco de la noche anterior. Simplemente con la pregunta de si tenía ganas de follarme ese cuerpo.



Un incentivo más a mis periódicas erecciones matutinas a la par que una inusitada rapidez a la hora de contestar. Silencio absoluto. Toda la mañana. Y, aunque mi cuerpo se dedicaba a hacer las tareas del hogar, mi cabeza estaba en ese otro cuerpo. Preparé la comida y, como “venganza” al “desprecio”, tumbado en el sofá el movimiento de la mano sobre mi cimbrel hizo que un buen chorro de semen manchara mi rasurado pubis. El mensaje ya lo había recibido.



Quizás a media tarde fue cuando sonó de nuevo el móvil.



Ya quedaremos, con un beso furtivo con corazón, acompañaba la imagen.

Que bien sabes jugar.

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Diario de follamigos II (Transición)
Publicado en:3 Deciembre 2017 10:23 am
Última actualización en:4 Deciembre 2017 10:49 am
97 vistas
Los días pasan inevitablemente para todos. De casa al trabajo y del trabajo a casa. Algún que otro día quedas con amigos, unos solteros, otros casados y, al final, vuelves al hogar y te acuestas pensando que mañana será otro día.

Quizás ahora esté más pendiente del móvil. Pasaron un par de semanas desde que nos vimos y, salvo un par de mensajes, poca cosa más. Reconozco que esta situación me turba, o quizás, a mi edad no sea tan lanzado para decirle a alguien más joven que necesito que me hagan una mamada. Y no, no es machismo; por la sencilla razón que a mi no me importaría que ella me dijera que necesita una buena comida de coño. Así de fácil, así de sencillo.

Pero también es verdad que, fuera de la cama, pocas cosas tenemos en común. Ana debe disfrutar de la vida como yo lo hice a su edad. Ella espera el sábado, o el viernes o quizás algún que otro jueves para salir, beber y quien sabe que más… llegar a las tantas a casa, y maldecir esa última copa. Así todas o casi todas las semanas. Le envidio, en parte, porque son poco más de diez años que me lleva de ventaja. Pero las ganas de salir por la noche no seré yo quien se las quite. Además, cuando, según me contó, no la pudo disfrutar cuando tocaba.

Yo podría decir que no me la quito de la cabeza. Pero mentiría. Tal vez sea la experiencia acumulada con la cual, en uno de sus extractos te indica que las cosas son como son, y no como uno quiere que sean. Por lo que esto es como es.

Pero también reconozco que, durante ese par de semanas, un par de pajas volaron a su salud, y alguna más a salud de una hermosa dama de esta page. La mente es libre. Por eso, cuando dijo sí en quedar en mi casa ese domingo, me sorprendió a la par que me encantó.

Suele ser puntual, pero ese día se retrasó más de lo normal. Al llegar a mi casa noté enseguida los estragos de esa noche en su rostro. Menos mal que tenía Coke en la nevera, una cerveza más y la hubiera rematado.



Se sorprendió que yo estuviera fresco, o bien, lo fresco que se puede estar un domingo por la tarde tirado en el sofá. Ventaja de que la noche anterior mi marcha había sido un whisky, una película.... y una paja leyendo un post de una usuaria de esta page (esto último me lo guardé). En cambio ella había acabado a las tantas en su casa cuando una de las discotecas de aquí ya “chapó”. Y entre pocas preguntas y menos respuestas me encontré con el pantalón del pijama por los tobillos, mi mirada en su escote y la verga en su boca.



Que decir que poco tiempo me dio a reaccionar mientras, entre convulsiones, sentí como el chorromoco surgía por mi falo y ella no paraba. Blanquecino semen rodó por su labio posterior a la par que mi espalda se arqueaba.

Nada más. Pasó una hora, o tal vez dos, pero ella se negó a que la tocara. Digamos que me sentí no como una deuda de sangre, sino más bien una deuda de sexo. Esa mamada se merecía una bajada al pilón, un mete-saca furtivo, o bien, sencillamente un abrazo. Y eso es lo que quiso, simplemente un abrazo.

Y fue ese abrazo en que lo cambió todo, y más cuando pasada la medianoche un mensaje suyo entraba a mi móvil. Aunque se había lavado ya los dientes seguía sintiendo mi esencia en su garganta… y le gustaba.

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Diario de Follamigos I (Ana)
Publicado en:2 Deciembre 2017 2:49 am
Última actualización en:3 Deciembre 2017 10:29 am
106 vistas
Pongamos que se llama Ana. Es un nombre que siempre me gustó. Corto y fuerte. Ana.

Ella no es así. 1,57cm embutidos en una talla 100, pelo largo tal como sonrisa amplia. Ojos curiosos y bastante vida sexual recorrida. Aunque nunca nos preguntamos por ello, ni pasado, ni futuro. Creo que tácitamente ese, entre otros que ya contaré, fue uno en nuestro acuerdo.

Y aquellas cervezas terminaron con más en mi casa. Con abrazos en la cocina y besos furtivos que fueron viciándose.

Y quizás ya no recordaba que los nervios en una segunda cita son mayores al primer encuentro. O quizás la mente se quede en blanco cuando ella pregunta donde esta el dormitorio y de la mano me lleva a allí. O bien, cuando rauda se deshacía de la camiseta rosa, arrastraba el tanga junto a los legins y los pechos se liberaban de ese sostén de encaje.

Es ese instante en que me quedé paralizado, quizás por un segundo que a mi me parecieron mil. Ese momento en el que, deshaciéndome de la camiseta, desapareció de mi vista mientras sus dedos desabrochaban los botones de mis jeans, y, esta vez los arrastraba hacia abajo llevándose consigo el slip y liberando una verga endurecida sobrepasada por la situación. En cuclillas su mano derecha la guió a sus labios cándidos que masajearon el carnoso glande, y, la posición de sus dedos tomaron medida para engullir el resto del falo.



Fue el botón que me hizo reaccionar. La aparté, quizás bruscamente, mientras la alzaba y ahora era mi boca la que se comía la suya. Eran mis labios los que recorrían su cuello estirado y mi lengua la que lamía sus pezones erectos.

La tumbé sobre la cama mientras ella creía que ya tocaba recibir en su interior esa verga palpitante. Ni imaginó lo que vendría, cuando, mis manos sobre sus rodillas la obligaron a separar sus muslos y dejar al descubierto esa sonrisa vertical floreciente. La verdad, no la recordaba o quizás ni me fijé demasiado en ella la primera vez, pero ahora sí, mientras mis labios recorrían sus piernas y me iba acercando cada vez más, ese desierto que era su pubis me hipnotizaba. El primer lengüetazo de abajo a arriba le hizo soltar el primero de muchos más gemidos.



Mi boca se empapaba de elixir. Ese punto, que ya fijé, se hinchaba y surgía de su caparazón. Sus caderas comenzaron a bailar rítmicamente alrededor de mis hombros mientras, mis dedos inspeccionaban unos labios interiores carnosos. Y, tan rauda como se quitó la ropa, fue envainar el falo en látex, fue girarla a cuatro y embestir ese ardor hasta la última gota de mi esencia, entre gemidos y deseos de más.



Silencio. Eso hubo después. Quizás nos lo habíamos dicho todo o quizás no nos habíamos dicho nada. Mejor pensar lo que decir que decirlo sin pensar, así que, mientras ella se embutía, ahora lentamente en la ropa abandonada en el suelo, solamente pensé en retenerla en mi mente, como si fuera ya la última vez que nos veríamos… aunque algo en mi interior, esta vez, pensaba lo contrario.
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Follamiga a los 40
Publicado en:1 Deciembre 2017 12:02 pm
Última actualización en:3 Deciembre 2017 10:37 am
141 vistas
O más bien folla conocida?. Porque la verdad, amigos amigos no somos. Nos conocimos de casualidad, a finales de verano, y tras el típico polvo pasajero, pensamos, por qué no?.

Pero recapitulemos. Finales de septiembre. El pueblo, otrora bullicioso debido a la época estival, languidece con la entrada del otoño. Muchos nativos de aquí hacemos la típica cena de despedida de un verano, y, como siempre, esas últimas copas, hoy más bien cervezas, en algún garito aún abierto. Lo que era apretarse para entrar, ahora es explayarse en la barra del bar.

Las camareras, con una mezcla de cansancio por la temporada, y algarabía por el fin de esta, conversan, sirven y celebran. Ese día tienen barra libre para invitar a chupitos a los clientes que ellas quieran. He de reconocer que el Jägguer con la cerveza no es lo mejor para luego tener un buen domingo.

Camiseta rosa, espalda descubierta, pantalones vaqueros cortitos y zapatillas. Sonrisa descomunal y ojos chispeantes (tal vez por los chupitos que lleva ya en el cuerpo antes que yo). Sonrisa amplia, esta vez sí, no impuesta por el trabajo a realizar. En resumen, y porque los Jágguers no me permitieron recordar más allá, terminamos, entre gemidos, en unas sábanas mojadas.

Lo típico de, darnos números de teléfono, ya hablaremos, un placer, y un incipiente dolor de cabeza a mis casi 42 años. Joder, 20 menos, y no se hubiera vestido en todo el domingo.

Pero bueno, eso es otra historia. Y ya me veis. Si envío un mensaje es que solo pienso en follar, si no lo envío es que solamente quería follar y, ahí estaba, teléfono en mano, sin saber qué hacer. También reconozco que me sentí como un quinceañero, pero con muchas más obligaciones.

El mensaje surgió del móvil, y, aunque se hizo de rogar, la contestación entró en esté. Como otros muchos, hasta que al final volvimos a quedar. Que decir, casi no recordaba esos labios que lamí, esos pechos cubiertos por un top escotado que bamboleaban aquella madrugada al son de su colosal montada. Y de reojo, ese trasero que se enrojeció a base de nalgadas. Quizás ni ella recordaba cómo era yo, pero ambos lo disimulamos muy bien.

Un par de cervezas, o tres (esta vez sin Jägguers de por medio) y la conversación, al principio banal, fue derivando hacia otros derroteros.



Y para no hacerlo más largo voy a abrir un hilo a partir de esta relación, llamémoslo “Diario de follamigos”. Si tenéis otra sugerencia estoy abierta a ella. Estas cosas no se saben cuánto duran, pero mientras tanto….
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Sometimes
Publicado en:24 Noviembre 2017 11:27 am
Última actualización en:27 Noviembre 2017 11:58 pm
157 vistas
Buscamos la penetración como la única vía de placer sexual entre dos personas. Parece ser que si nadie la tiene dentro de nadie no existe placer.

A veces nos olvidamos que existen otros juegos, otros roles, en donde, si lo que buscamos es placer, éste puede resultar grandioso para ambos.



Y no, no reniego de la penetración. Me gusta y mucho sentirme atrapado entre los muslos de una mujer, sentir como sus labios absorben cada centímetro de un falo excitado por su presencia, que ella sienta mi excitación dentro de sí, que ambos sintamos las palpitaciones ajenas de nuestros sexos.

Pero, como el título de este post, Sometimes necesitas otros juegos que, aunque parezca mentira, pueden llegar a ser hasta más íntimos.



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Cocina afrodisiaca
Publicado en:18 Noviembre 2017 3:35 am
Última actualización en:22 Noviembre 2017 12:25 am
186 vistas
Hoy va de confesiones. Y no, no es que crea en comidas afrodisiacas. Pienso que el afrodisiaco se encuentra en la mente de uno mismo y en la compañía que éste tenga.

El título del post tiene la razón de ser sobre la hora de cocinar. A mí me gusta, lo reconozco. Lástima que el tiempo se consume tan rápido que la mayoría de veces es cocinar para subsistir. Pero cuando encuentro tiempo, y compañía, no me importa cocinar. Con toda la liturgia, cerveza, música y buena compañía.

Y por qué cocina afrodisiaca?. Porque, simplemente, si lo cocinado me ha salido bueno, me pongo cachondo (de ahí, mi confesión de hoy). Noto una erección incontrolada, y, si, por la razón que sea (habitual) cocino para mí mismo, después de comer, después de ese café, no puedo evitar hacerme una buena paja. Que contaros si he estado acompañado.



Pero si no sale buena, no hay nada que hacer. Y también pasa. Pero bueno, eso es harina de otro costal.
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Empanao
Publicado en:17 Noviembre 2017 11:25 am
Última actualización en:21 Noviembre 2017 12:08 am
164 vistas
Y me sucedió esta semana. Exactamente el jueves, o sea ayer.

Esa sensación de quedarte paralizado. De no saber si vas hacia un lado u otro. Que, pienses lo que pienses, hagas lo que hagas, no sirve para nada. Que las horas no pasan. Que te tienen que hacer la misma pregunta dos veces y, aun así, dudas en contestar.

Intentas escribir, crear un post, y las palabras no surgen. Buscas excitarte con cualquier imagen o publicación de esta page y la erección no surge. Quedas con un amigo para tomar algo, y la conversación no surge.

Y piensas que es una fecha cualquiera, ni aniversario de mal fario ni nada. Un 16 de noviembre y ya está.



Y ves la vida pasar, recuerdos de ayer que fulminan la realidad del hoy. Una instantánea fugaz.

De repente te levantas el viernes y todo vuelve a fluir como siempre. Las palabras ya fluyen, la excitación reaparece y la erección se adviene. Contestas a la pregunta antes que acaben de formulártela y las conversaciones se explayan entre tragos de fresca cerveza.

Fue un día de empanao. Mental y físicamente. Y quizás hasta viene bien para el cuerpo.
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El Roce de tu cuerpo
Publicado en:10 Noviembre 2017 11:28 am
Última actualización en:16 Noviembre 2017 2:17 am
231 vistas
Aunque el título sea un plagio de una canción de Platero (recomendable el grupo y, a posteriori, el cantante), es como si de vez en cuando me viniera a la cabeza la letra de esta canción.

No es por nadie en especial y sí por muchas en particular. Ese momento en que la vocecita interior da por culo recordándote aventuras pasadas, que levanta la voz exclamando “Lion, porque tomaste aquella decisión?”. Y yo me río porque la muy cabrona sabe hacer pareados y todo.

Pero al hilo del título del post y, a la vez, parte de la letra de la canción, me gusta imaginar que por un momento, ella (alguna, cualquiera) se encontrará como yo



“…seguro que sola esta ella también, tirada en la cama si saber que hacer…” sic.

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El Instante
Publicado en:3 Noviembre 2017 11:05 am
Última actualización en:4 Noviembre 2017 2:55 pm
271 vistas
Hemos jugado, reído, tonteado. Nos hemos besado, acariciado, mirado, desnudado.

Y llega ese instante, que ambos sabemos. El brillo lubricado y protector en un falo deseoso de tu calor. Tímida, me das la espalda, aunque mi falange sepa que estás preparada para recibirme.

Ese instante en el cual, en breves momentos, nos sentiremos poseídos el uno por el otro. Mi verga en tu interior, tu ardor derritiéndola, convirtiéndola en nada. Finos fluidos recorriendo tus muslos.

¿Estás preparada?



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